La cultura vicentina del siglo XVIII: Ottavio Bertotti Scamozzi
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El siglo XVIII en Vicenza revela figuras que convirtieron la arquitectura en un verdadero instrumento de investigación y claridad histórica.
Entre ellas destaca Ottavio Bertotti Scamozzi, nacido en 1719 en el seno de una familia humilde: su padre era barbero y su infancia transcurrió lejos de los ambientes nobles. Su trayectoria cambió gracias a la atención del marqués Capra, que reconoció en el joven Ottavio una inteligencia despierta, curiosa y disciplinada.
Bajo su protección, pudo estudiar en las escuelas de la ciudad y acercarse lentamente al mundo de la arquitectura.

En esos años, Vicenza conservaba un legado singular del arquitecto Vincenzo Scamozzi: una beca destinada a un joven pobre pero meritorio, con una condición muy particular.
El beneficiario debía asumir el apellido Scamozzi como gesto simbólico de continuidad intelectual. Gracias a sus méritos académicos y al apoyo del marqués Capra, Ottavio fue elegido y completó su formación arquitectónica, adoptando el nombre Ottavio Bertotti Scamozzi.
La dotación económica era modesta, y Bertotti aceptó diversos cargos municipales. Uno de ellos marcó su vida por completo: el puesto de custodio del Teatro Olímpico, con el título oficial de Janitor del Teatro. Su trabajo le garantizaba estabilidad y un contacto cotidiano con una de las obras más extraordinarias del Renacimiento. Paralelamente, desarrolló proyectos que enriquecieron el tejido urbano: el Palazzo Folco en Pusterla, San Faustino, el Palazzo Muzzi en la Piazza Matteotti, la fachada del Eretenio y la Villa Capra en Sarcedo.
En toda su biografía aparece un único desplazamiento profesional fuera de Vicenza: un viaje al Piamonte para un proyecto en Casale Monferrato.
El resto de su vida lo vivió en Vicenza, concebida para él como un taller permanente. Su estudio se centró en la figura que consideraba modelo absoluto: Andrea Palladio. En 1761 publicó un libro breve pero muy difundido, “Il forestiere istruito delle cose più rare in architettura e in pittura di Vicenza”, una guía erudita que ofrecía al visitante una lectura precisa de la ciudad.

Entre 1776 y 1783 emprendió su obra mayor: el tratado “Le fabbriche e i disegni di Andrea Palladio”, en cuatro volúmenes acompañados de planchas detalladas, mediciones exactas y levantamientos completos. Por primera vez, un estudioso señalaba de manera sistemática las diferencias entre los dibujos de los Cuatro Libros y los edificios realmente construidos, explicando sus causas técnicas e históricas. Este trabajo se mantiene como uno de los pilares de la historiografía palladiana.
En 1786, Bertotti guió por Vicenza a un visitante excepcional: Johann Wolfgang Goethe, entonces de viaje por Italia. Entre ambos surgió una afinidad inmediata. Goethe lo describió como “un artista talentoso y apasionado, con quien me habría quedado un mes entero para un curso rápido de arquitectura”. Sus palabras revelan el reconocimiento europeo que Bertotti había alcanzado gracias a su rigor y a su lectura sensible de la obra de Palladio.
Ottavio Bertotti Scamozzi murió en 1790. Dejó una ciudad más consciente de su patrimonio arquitectónico y una obra que representa uno de los momentos más altos de la cultura vicentina del siglo XVIII: un puente entre la tradición palladiana y el estudio moderno, una voz clara en un siglo que buscaba nuevas formas de comprender el pasado.
Libremente adaptado de un artículo del ingeniero Fabio Gasperini
Ottavio Bertotti Scamozzi es solo uno de los muchos reflejos del patrimonio histórico, cultural y artístico que vive y respira dentro de nuestras Tierras Palladianas de Belleza.
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Artículo actualizado en 2026




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